TEMPUS FUGIT

Igual que nuestros antepasados se reunían y contaban historias, avatares cotidianos, "sucedidos", les llamaban... o aquellas cuestiones que les interesaban, me apetece utilizar este soporte contemporáneo, para hacer más o menos lo mismo. Y es que en el fondo muchas de las ansias de los seres humanos siguen siendo las mismas: amar, comunicar, tener cubiertas sus necesidades básicas... Y en medio de todo eso, el eterno dilema entre Ética y Estética para conseguir seguir adelante... para VIVIR.

lunes, 9 de mayo de 2016

BAILA MIENTRAS PUEDAS

El sueño de las Granadas , Felice Casorati (1912)

A LA EDAD DE LAS MUJERES
                                                      Francisco de Quevedo

De quince a veinte es niña; buena moza  
de veinte a veinticinco, y por la cuenta   
gentil mujer de veinticinco a treinta.       
¡Dichoso aquel que en tal edad la goza!  

De treinta a treinta y cinco no alboroza;  
mas puédese comer con sal pimienta;     
pero de treinta y cinco hasta cuarenta     
anda en vísperas ya de una coroza.         

A los cuarenta y cinco es bachillera,      
ganguea, pide y juega del vocablo;         
cumplidos los cincuenta, da en santera,  

y a los cincuenta y cinco echa el retablo.  
Niña, moza, mujer, vieja, hechicera,         
bruja y santera, se la lleva el diablo.     




Cómo han cambiado las cosas desde la época de Quevedo, ¿verdad...? Por eso, entre otras cosas, de vez en cuando me gusta escuchar rock, ésta canción de Rosendo, "Agradecido" me levanta el ánimo y me trae recuerdos de tiempos más movidos, compartirla conmigo si os apetece, es una joyita: https://www.youtube.com/watch?v=_Gj8QvG0qzk

Mi amiga tiene la impresión de que se está haciendo mayor, y se alegra. Le fastidia, para que negarlo, y así me lo confiesa, comprobar, como su cuerpo no responde igual que lo hacía unos lustros atrás.

Recuerda, que hubo unos años, en los que, tenía una especie de lema personal que le impulsaba: “entre el día y la noche no hay pared”, repetía, palabras, que había escuchado por boca de su abuela materna, que por algo era comadrona. Y esto le servía lo mismo para trabajar, que para irse alguna que otra noche de jarana. Ahora bien, a la hora de trabajar, lozana, como la andaluza aquella de Don Francisco Delicado, pero eso sí, tan solo en común con ella, el título de la obra.

 Pero ahora, juntas, compartimos la impresión de que no todo lo pasado fue mejor.

 El otro día, sin ir más lejos, alguien, en una conversación, preguntaba, que en caso de ser posible, a que época de la vida le gustaría volver a cada cual. Yo tras pensarlo momentáneamente, porque tan poco era cuestión de hacer meditación transcendental, llegué a la rápida conclusión, de que mejor me quedaba donde estaba.

Y mi amiga, con la que vine a coincidir, cosa que no siempre ocurre, contaba, con la oportunidad que le brindó el tema, que ni siquiera recordaba haber tenido una "infancia maravillosa". Seguramente, aclaraba, porque ella, había sido una niña inquieta, difícilmente moldeable, y eso, cuando se vivía en la cotidianidad de una familia bastante estricta, y bajo la machacante educación de un colegio de monjas, resultaba complicado, difícil, rozando lo imposible. 


Labios en silencio, Lina Bustos


Luego llegaron los “felices” años de la universidad. Felices porque respiró lejos de casa, estudiando como una loca para no perder la beca, pero feliz al cabo, de poder compartir pasiones, copas, debates, horas y militancias con quien ella decidía… Mi amiga es de esas personas, que siempre han querido comerse la vida a grandes bocados, por eso, alguno se le atragantó, pero con un golpecito en la espalda, escupió y salió adelante. Todo esto, eso sí, aderezado con los miedos a la policía del dictador, que créanme, no era precisamente una ONG en la que buscar asilo. 


Y a continuación el aterrizaje forzoso, el trabajo, una boda temprana como forma de huir del yugo paterno… Investigar, publicar, congresos, dar clases, criar hijos, envidias, chismes, compaginar vida familiar, laboral y política… sin horarios, casi sin vida propia. Saltos sin red los de entonces, de ser tonta en el colegio a super-woman. ¿Y su cabeza?



https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/ff/35/7f/ff357f111df9c68c15cbe33ad6858345.gif


Y ella, encima, pendiente de todo y de todos, que para algo se nace mujer. Menos mal, que cuando tenía algún evento fuera de casa disfrutaba lo suyo, porque de lo contrario, a mi colega, hace años que le hubiésemos cantado un miserere.

Por eso mi amiga, me contaba, más tarde, ya a solas, que no tiene muy claro el concepto de familia, se quejaba de eso, de que una cae donde cae. De que siguen existiendo roles, por los que una mujer, no tiene en ese terreno las mismas posibilidades de elección que un hombre. De que una acaba pendiente de un tropel de gente, que más parece que sea la jefa de un campamento scout... que una persona normal. Que al fin, lo de los techos de cristal, es un hecho.


Lovers & Lautrec,  Joseph Lorusso

Porque mi amiga, ha perdido muchas guerras, aunque ha ganado alguna que otra batalla. Y allí la tienen, por eso, dice que se hace mayor, y que mejor, que para qué repetir otra vez toda la opereta.
Y que además no entiende a toda esa gente que a nuestra edad sigue siendo tan visceral y acalorada en su dialéctica, que ella con los años ha aprendido que solo hay que pelearse las batallas esenciales. Que cree que es mejor ir por la vida facilitando las cosas, que bastante se complica todo aunque no quieras…

"¿Te imaginas otra vez vuelta a la rueda...? ¡Piénsalo!", me requiere, con una cara a caballo entre el escepticismo y un gesto que se hace mueca saltando airoso de la picardía al horror.

Y de repente, con esos ojos oscuros y chispeantes que aún conserva, va y me dice: “Fíjate, Carmen, quien nos lo iba a decir, mira que tener que repetir unas elecciones…” Y a continuación me pregunta: “Por cierto chica… tú, ¿a quién vas a votar las próximas elecciones? Porque claro, si no votamos…” y es que ella es así, no lo puede evitar, se preocupa incluso hasta la indignación y se cansa llegando al hartazgo, porque no puede evitar seguir desvelándose por el devenir de los tiempos. 


Y eso, que esta vez, no nos ha dado tiempo a hablar ni del amor, ni de los amores, que es entonces, cuando el mundo de las emociones brota sin secretos ni sonrojos y la cosa se pone verdaderamente interesante...


La Mente Errante,  Duy Huynh 






martes, 3 de mayo de 2016

INFANCIAS PASADAS

El hombre de las chucherías R. Gemmell Hutchison












      

DONDE HABITE EL OLVIDO
                                                                  Luis Cernuda

"...Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño..."



     Si alguien quiere mientras lee esto, puede escuchar música de fondo pinchando aquí: https://www.youtube.com/watch?v=sSbqm7ZK_9s. podéis escuchar a Eric Clapton, con su Tears In Heaven-Unplugged, son 5 minunos 26 segundos deliciosos.

     Me sorprendieron aquellos cuadros sobre huérfanas que colgué en Facebook. Me planteaba, la capacidad que tienen los buenos pintores, para extraer tanta belleza aún de entre las situaciones más adversas, y no es en casos aislados. Tenemos muchos ejemplos, hay escenas de guerra, de muerte, históricas, realistas que recogen los más duros trabajos, incluso algunas mitológicas que son verdaderamente espléndidas, "La muerte en Sardanápolo" de Delacroix o la "Balsa de la Medusa" de Gericault son buenos ejemplos, sin olvidar "Los fusilamientos del 3 de mayo en Madrid" del gran Goya o el Guernika ...

Pero me quedé tocada, con ese mundo de niños y niñas, que a lo largo de la historia han sufrido, y que sin embargo, por ser, quizás los más frágiles, los menos visibles, por las elevadas tasas de mortalidad o no sé muy bien porqué, no ocupan en el campo de la pintura, demasiado protagonismo. Podríamos decir que no existe un ámbito específico dedicado al niño doliente. Existe en cambio, la representación de niños y niñas, felices, en familia, en parques, en fin… para qué alargarse… es algo similar a lo que ahora ocurre con la publicidad. Se buscan como modelos, a niños y niñas hermosos, casi perfectos, sin mácula… 


El paseo de los niños,  Timoleon Marie Lobrichon 

Pero rastreando, lo que he podido constatar,  es que, sobre todo, el mundo de la pintura, ha plasmado, dejando plena constancia y con todo detalle, las diferencias sociales y los distintos ámbitos en los que se han movido los niños a lo largo de la historia, y además como siempre he aprendido cosas nuevas.
Si os fijáis en el cuadro que encabeza esta entrada, un puñado de niños y chiquillos, rodean el carrito de chucherías del hombre que acaba de llegar. Parece una escena rural. Sólo hay tres personas mayores, el vendedor, una mujer, tranquila, apoyada en un tronco a la entrada de la casa y otra, agachada, que ayuda a un pequeño a sujetar su globo morado. Uno de los niños, ha dejado a su lado un artilugio, semejante a un yugo, con los cubos de traer agua, y todos miran con curiosidad e ilusión al carrito y su contenido. El hombre los atiende con paciencia. Están pisando barro. Se nota que es un momento extraordinario, no habitual para esos niños. Sin embargo, más abajo, una escena absolutamente urbana, nos introduce en un mundo diferente. Tres nurses, y una institutriz de niños de clases acomodadas, pasean a los pequeños, por una alameda adoquinada y con losas, adornada con columnas y arboledas, y las personas, les abren paso para no cortar la comitiva. Son los reyes de sus casas... 

            Y como no podía ser menos, también el mundo del ocio era antiguamente diferente. 

El estanque de la trucha de Francis Coates Jones












Niños jugando a los dados, B.Murillo


Luz de atardecer, Edward Dufner
Niños jugando a las cartas, Louis de Nain, 1650
          
  Si contemplamos los cuadros de arriba veremos dos infancias. En el primero, dos niños, intentan pescar mientras juegan relajados, bien alimentados y vestidos. Tumbados en la hierba de la orilla, no hay ningún atisbo de preocupación en sus rostros. Se diría que son felices. Lo mismo que las niñas que juegan al corro. Pero al lado, ya Murillo, nos mostró como unos niños que se pasaban la vida en la calle, mal vestidos, también jugaban, pero... a los dados. Y los que juegan a las cartas, descalzos, pero con ropa de quien quiere ser ya mayor, vaya pilluelos, lo mismo, ¿harían apuestas?
Incluso en el juego se observan las diferencias, delicadas niñas en jardines, y abajo, niños descalzos que juegan con los aparejos de trabajo de sus padres. Pero hay un nexo que los une, porque el juego es el juego. Mientras un niño pueda jugar sigue siendo un niño y la felicidad, que irradian sus caras no se las quita nada ni nadie (de momento).

Niños jugando, Arthur Jhon Esler

Sala de espera de la Isla de Ellis de Mort Kunstler




















Sin embargo, también los niños emigraban. Observar estos de arriba. La isla de Ellis, era la principal aduana de Nueva York. En torno a 12 millones de personas entraron a los E.E.U.U. por allí, entre 1892 y 1954, donde eran inspeccionadas legal y médicamente. Los niños están cansados, algunos padres los toman en sus brazos. Desaliñados, quizás mal alimentados tras una larga travesía. Cargan con todos sus enseres y desconocen el futuro que les espera. Qué pasaría por la cabeza de estas criaturas. ¿Los dejarían entrar sin problema? ¿Encontrarían sus padres trabajo? ¿Cómo sería su vida a partir de ahora tan lejos de su tierra…? Encontrarían amigos para jugar? Ellos mismos seguramente, tendrían que ponerse pronto a trabajar...La prueba en el cuadro de abajo.

Mujer comprendo el diario a un muchacho en Broadway, Herman N. Hyneman

El flautista de los sueños Estella Canziani 1915

Niña en el piano, Frederick Carl Frieseke 1928

Concierto infantil Georgios Jakobiles 1900






















      También a la hora de aprender, aunque sea un instrumento musical, aparecen diferencias notables, los hay autodidactas y hay quien delicada y cómodamente se cultiva es su casa con toda comodidad. Aunque también en este caso, cabría preguntarse cual de ellos es más feliz tocando...

En clase Jules Jean Geoffroy

Y a las escuelas... pocos niños pobres podían acudir, lo habitual era que tuviesen que incorporarse como mano de obra barata muy pronto, la educación era para la élites. Existía un gran abandono infantil familiar,  además, muchos huían de sus propias casas por hambre y malos tratos. De todos modos pronto comenzaron algunos colectivos a intentar acercarse a estos grupos marginales que fácilmente acababan formando parte de la delincuencia.

Y el mundo de la mendicidad también queda retratado con toda su crudeza en la pintura. Se pedía por necesidad y en ocasiones, igual que actualmente en muchos países, los niños eran victimas de personajes sin escrúpulos que lo explotaban vilmente.

Ilya Repin, Mendiga 1876

Mendigo, Fernand Pelez.1884. Colección privada ablaevariteprobatum.blogspot.com


























      Un grave problema lo constituían los huérfanos, si quedaban en manos de sus madres, dependían de la situación económica de ésta, en cuyo caso se quedaban, si era posible en casa, de lo contrario iban a parar a alguna institución o convento como expósitos. La palabra expósito, viene del latín Ex pósitus, “puesto fuera” (porque el pater familias podía  en Roma, echar de casa a cualquiera de la familia). En nuestro caso, solían abandonarse muy pequeños y la mayor parte de las veces de forma anónima. Quien lo dejaba, generalmente la madre, lo depositaba en un torno y tocaba una campanilla puesta a tal efecto para avisar.  Otros iban a parar a las calles. A partir de 1750, comenzaron a crearse en España los orfanatos bajo el nombre de Casas de Misericordia. Tampoco se puede olvidar que la tasa de mortalidad postparto era elevadísima, y que a pesar de que los hombres se volvían a casar, los niños estaban en situaciones de graves tanto carencias afectivas como económicas.

El expósito es devuelto a su madre Emma Rrownlow 1858







Los huérfanos ante el sepulcro de su madre,  Luis Monroy. 1870  


Comida en el orfanato Anna Ancher

      Pero también hubo gente altruista, como el señor que protagoniza la escena de abajo. Se trata de Johann Heinrich Pestalozzi. En 1775 abrió en Neuhof una escuela para niños pobres inspirada en el modelo del Emilio, el tratado de Rousseau. El proyecto fracasó, como también otro similar intentó crear en Stans. En 1797 publicó “Mi investigación sobre el curso de la naturaleza en el desarrollo del género humano”, su obra de mayor repercusión. Reemprendió sus prácticas pedagógicas en un castillo que le dejo el gobierno, en Berna, lo que que reflejó en su obra "Cómo Gertrud enseña a sus hijos" (1801). Aspiraba a reformar la sociedad partiendo de una educación que buscase una formación integral del individuo, más que la imposición de contenidos, y que concediera un amplio margen a la iniciativa y a la capacidad de observación del propio niño. Su doctrina no tardó en propagarse, y fue muy admirada por filósofos como Fichte o pedagogos como Johann Friedrich Herbart, y por la mayoría de los jóvenes pedagogos de la época. Abajo lo vemos retratado en una de las casas que fundó.

Pestalozzi con los huérfanos, Grob, Konrad, 1879

Y ni siquiera la muerte llegaba para todos de la misma manera. No quiero ser morbosa, pero observad estos cuadros:

Retrato de niño muerto de Manuel Gómez-Moreno González

Este bebe, ha muerto y su familia se ha permitido el lujo, de hacerle un retrato al óleo post-mortem. En él, el niño aparece con gran boato, con sus mejores faldones y en su cuna, rodeado de encajes y muselinas. La moda de retratar a los muertos lo trataremos otro día, se puso muy en uso con la expansión de la fotografía.


Mirad a ese otro, le ocurre lo mismo, aunque es un retrato de estilo colonial.Vestido como un pequeño príncipe o un angelito, en la inscripción de abajo, ya es tratado de Don... Ambos son evidentemente dos niños de familias ricas. 
No he encontrado, como es natural ninguno de un niño pobre ¿cómo iban a permitírselo…?

En la calle, Thomas Benjamin Kennington, 1890

Sin embargo, he encontrado este otro que viene expresar lo que supone morirse de hambre en la calle. Me dejado un sabor amargo en la boca. No he podido evitar que me hiciese evocar muchas situaciones actuales, desde el título, hasta la propia composición.Una mujer viuda, se ha quedado sin hogar, y camina por las calles de una ciudad con todas sus pertenencias en un hatillo. Le acompaña su hijo, hasta que éste cae desfallecido, enfermo, por hambre o por ambas cosas. Visten discretos, pero no como pobres, ¿clase media caída en la pobreza? Me duele de tan actual.  Que nadie repita que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ni para la infancia, ni para nadie.

         En fin, a los niños, sobre todo a aquellos quienes por tantas razones les robaron y les seguimos robando la infancia, estos versos de D. Antonio Machado:




PEGASOS, LINDOS PEGASOS
Antonio Machado

Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera…

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,

caballitos de madera!



lunes, 25 de abril de 2016

HÁBITOS

Maternidad, Edmund Blair Lihton, 1917



SOLO EN SOLEDAD SE SIENTE 
LA NECESIDAD DE VERDAD.
María Zambrano

         ¿Qué os evoca la imagen de arriba? Parece que una joven madre vaya a depositar a su hijito en una casa cuna... También podría ir a recogerlo, ¿Qué lee la monja, acaso algunas cláusulas? ¿O sencillamente es un libro de registro? Pudiera, incluso, estar rezando por la madre o por la criatura, pero no parece un devocionario... Sin embargo, hay un detalle que atrapa mi curiosidad. El pintor, ha querido vestir a la madre, con los mismos colores con los que tradicionalmente, se han pintado las ropas de la Virgen María, en la iconografía cristiana, túnica roja y manto azul. No deja de estar cargado de simbolismo. El hatillo de al lado también me recuerda a las representaciones de la huida a Egipto... es curioso ¿no? Y... cuál de las dos preside la escena, porque ¿acaso la mirada, no se nos escapa al niño, en el centro de la escena? ¿Podría el pintor, incluso, haber querido plasmar una ilusión, una visión monjil?


Madre Superiora. Fernando Botero


           Pero no quería yo centrarme únicamente en ese cuadro. He convivido mucho con monjas católicas. Lo suficiente como para poder afirmar que poco tienen que ver unos grupos con otros. Conozco instituciones ricas, casi acaparadoras, me atrevería a decir, y otras más pobres que ratas de alcantarilla. Algunas han hecho de sus casas un verdadero remanso de paz, auténticos refugios donde te sientes acogida, comprendida, segura, entre amigas… Otras continúan siendo como las que yo conocí de pequeña en el colegio. Sonríen diplomáticamente pero rezuman un talante, que te lleva a pensar en la posibilidad de que cada mañana puedan desayunar vinagrillos… Y es que estamos en lo de siempre, en que son las personas las que conforman los grupos y su estilo, las que encarnan las reglas y las costumbres de vida. Me he encontrado unos cuantos cuadros monjiles que me han hecho evocar esos microcosmos que son los monasterios, los conventos, las grandes o pequeñas comunidades… os dejo con ellos y con algún comentario, creo que la estética, es mucho más clarificadora de lo que lo puedan ser las palabras.


La venerable madre Jerónima de la Fuente, Velázquez, 1620

      Éste, por ejemplo, es un retrato que siempre me ha impresionado. Jerónima de la Fuente fue fundadora y primera abadesa del convento de Santa Clara de la Concepción de Manila en las Islas Filipinas, tal y como indica inscripción de la parte inferior. Vestida con el hábito marrón de las clarisas, tiene un rostro severo y una mirada inquisitiva, que demuestran la fortaleza de su carácter. La inscripción de arriba dice: «BONVM EST PRESTOLARI CVM SILENTIO SALVTARE DEI» (Es bueno esperar en el silencio la salvación de Dios). Diego de Velázquez supo con su maestría, extraer toda la expresión de su personalidad y plasmarla en el retrato. Yo, cuando voy al Prado, suelo detenerme a verla. Si la miro fijamente a los ojos, parece querer sonsacarme algún error cometido.


Monja, de Ramón Casas

       Qué diferente, sin embargo, es este retrato de Ramón Casas, ¿verdad?, parece una cándida novicia o alguien que va a entrar al convento… A mí, me lleva a pensar en la posibilidad de que el padre de la joven, hubiese encargado el cuadro, antes de despedirse de su hija, y ella orgullosa del recién estrenado hábito, posa erguida, algo altiva, como quien ha conseguido lo que quiere. Todavía no ha perdido el buen color y sus labios mantienen un tono carmín... pues bien, nada más lejos de la realidad. Se trata, de Julia Peraire, amante y posteriormente esposa del pintor. Fue su gran musa, y en unas vacaciones que pasaron en el monasterio de San Benito de Bages, que la madre del pintor había comprado, y posteriormente él heredaría, se le ocurrió vestirla de monja y la pintó. A veces, las apariencias engañan…


El la Biblioteca del Monasterio, Edmund Körner

        ¿Y qué me decís de estas apacibles monjas? Se nota al vuelo que no son españolas. En los conventos españoles, la limpieza y el orden son lo primero, que ya lo decía San Agustín en el Libro I de su obra "De Ordine" (El Orden): "El orden, es el que guardándolo, nos lleva a Dios..."  No sé si será precisamente el orden lo que conduce a Dios, pero puedo asegurar, que a mí, de momento, me costó muchos guantazos en el colegio. Por eso del orden y la rigidez, que aquí, en España siempre se ha entendido bastante bien, los conventos y monasterios han sido impolutos, como de escaparate. ¡Dios mío! pensaría una abadesa o una priora española, ¿Dónde se ha visto una mesa tan desordenada como la del cuadro?



Hacia la Torre  Remedios Varo

         Me gusta más, como pinta Remedios Varo, a esta monja con sus educandas detrás, y junto a ellas va su porteador. ¿A donde irán… ? De excursión, de ejercicios espirituales como nos llevaban a nosotras, o acaso es el pelotón de las castigadas...? Me encanta el sombrero de la monja y la gracia con la que se sujeta la capa del hábito. Observo pájaros a su alrededor, ¿saldrán de las cabezas de las niñas...? Me recuerdan a mi  época del colegio, llevábamos uniforme y encima una bata abotonada hasta el cuello. Me temo que soy, muy, pero que muy muy mal pensada, pero la imaginación me brinda la oportunidad de fantasear, con que ésta, es una monjita moderna, que estudió con librepensadores y se va, sencillamente, a dar con sus alumnas una clase de arte in situ, en una torre medieval…


Por el camino hacia Winchester, Albert Goodwin

            Observo al grupo de arriba, parece más clásico, salieron de paseo, a tomar un poco el sol, porque les hace falta para absorber vitaminas, pero es fácil, que fuesen, en silencio. Es primavera, el verdor y las amapolas lo ponen de manifiesto. Cierra la fila alguien con poder para vigilar. Eso sí, casi seguro, que mientras susurraban rosarios y salmos de alabanza, sus cabezas, recordasen como podrían haber sido esos paseos con otras compañías, o a lo mejor me equivoco, porque siempre ha habido gentes felicísimas de llevar esa vida tranquila, apartada y de oración. Lo que sí es probable, es que esa naturaleza resucitante, hubiese tentado a alguna de las más jóvenes a saltarse el orden  de la fila, para poder hacer alguna que otra carrera, pegar un salto o incluso dar más de una voltereta sobre la hierba, pero claro, como el orden lleva a Dios...


El valle del descanso. Millais

       Pero a esta si que no la veo yo muy feliz. Que una cosa es que la muerte sea lo más claro que uno tiene en la vida, y otra asimilarlo. Mucho me temo, que esta triste monja, mira a quien le pinta como diciendo, “Líbrame Señor de este cáliz”. No sé yo, si tendría muy claras las ideas sobre su futuro escatológico. Lo que sí parece, es que, triste, triste, sí; pero que tiene quien le cave el agujero. Es decir, que junto a ella, una pobre lega, es la que se está pegando la paliza de trabajar. Y es que hubo épocas, no muy lejanas en las que hasta en los monasterios, se notaban las clases y los dineros. Unas oraban y otros laboraban... Confío, en que al menos, con tamaño rosario, rezase también por su laboriosa compañera.


        En cualquier caso, no es esto más que un ejercicio de pura ficción en el que las imágenes mandan. En fin, como siempre cada forma de vida es un mundo, y este es, a su vez, reflejo de los demás, que ya lo dijo Paul Eluàrd, "Existen otros mundos, pero están en éste".


ATARDECER
 Pär Lagerkvis

Es el atardecer cuando uno se aleja,
a la caída del sol.
Es entonces cuando se abandona todo.
El pensamiento recoge su tolda de tela de araña
y el corazón olvida el porqué de su angustia.
El caminante del desierto abandona su campamento,
que pronto desaparecerá bajo la arena,
y continúa su viaje en la quietud de la noche,
guiado por enigmáticas estrellas.


Contrastes, Rafael Hidalgo de  Caviedes