Un Four Roses en copa con
un sólo cubito de hielo por favor. En seguida. Necesitaba relajarse un poco antes
de acostarse, había bajado su ebook, pero le resultó más agradable escuchar el
piano del bar del hotel.
Un tipo la observó y se acercó. ¿Te importa que me siente contigo? Le molestó ese trato de tú. La verdad es que sola estoy perfectamente, y
la música es muy relajante; le contesto bastante seca. Pero él no se dio
por aludido, comenzó a soltarle un monólogo, sobre sus negocios y aficiones. No
era tonto, vio que pinchaba en hueso y cambió de estrategia. Pasó a disertar acerca
del redundante mundo de la enología y la gastronomía. Ella, de vez en cuando
movía la cabeza con un gesto entre la admiración y un punto de cinismo abiertamente
mordaz. ¿Pero no se da cuenta de que me estoy
despelotando? Terminó su copa y se despidió. ¿Cómo, ya te vas? Pero si estábamos empezando. Lo siento mañana tengo que madrugar, ya sabes, los negocios… Fue a
la barra para que cargasen el bourbon a la cuenta de su habitación, y el
camarero le dijo que ya estaba pagado. Se acerco a la mesa, dijo gracias, y se marchó mientras el
camarero murmuraba ¡mucha jaca, para tan flaco
jinete…!
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